Aislamiento térmico de fachadas

Sistemas de aislamiento térmico de fachadas

Importancia del aislamiento térmico

Una gran mayoría de las edificaciones en las que habitamos y desarrollamos nuestras actividades cotidianas no cumplen las exigencias mínimas en materia de ahorro energético exigidas. Nuestra gran dependencia de fuentes energéticas externas, el imparable incremento de su precio y la necesidad de vivir de una forma confortable pero sotenible a la vez, son razones indiscutibles para provocar un cambio en la mentalidad de todos y en definitiva, para marcar un nuevo inicio.

Los edificios son responsables del 40% de la demanda final de la energía que se consume en Europa. Con la traducción de este dato a términos ambientales deducimos que el sector residencial concentra la tercera parte del total de las emisiones de gases de efecto invernadero.

La energía más limpia es aquella que no se consume

Por ello, a partir del 31 de diciembre del 2020 todos los edificios nuevos que se construyan en países de la UE deberán ser de consumo de energía casi nulo, es decir, emplearán una cantidad muy baja de energía y ésta provendra de fuentes renovables.

Todas estas exigencias en materia de obra nueva son importantes, pero resultan claramente insuficientes si consideramos que en España la mitad de las viviendas existentes tienen más de 30 años y gran parte de ellas carecen de medios que limiten su demanda energética.

El consumo se puede reducir a mucho más de la mitad

El aislamiento térmico es la forma más simple, eficaz y económica de reducir costes en el consumo energético de una vivienda, ya que con una mínima inversión, podremos rentabilizar el ahorro durante ltoda la vida útil del edificio.

El objetivo del aislamiento es doble:

  1. Emplear menos calefacción en invierno. Impidiendo que la energía fluya al exterior, perdiendo calor y enfriando los ambientes.
  2. Emplear menos refrigeración en verano. Evitando que el calor ingrese en el interior, aumentando la temperatura de la vivienda.

Se estima que el consumo de calefacción y refrigeración de un edificio correctamente aislado puede ser un 50% inferior que el de un edificio con un aislamiento insuficiente.

De la A a la G

En la actualidad, es obligatorio poner a disposición de compradores o usuarios de los edificios un Certificado de Eficiencia Energética. Según la normativa vigente sobre certificación energética, su objetivo fundamental es la promoción de la eficiencia energética, mediante la información objetiva que obligatoriamente se ha de proporcionar a los compradores y usuarios en relación con las características energéticas de los edificios. Según dicha normativa, la certificación energética es de obligado cumplimiento para:

  • Edificios de nueva construcción.
  • Modificaciones, reformas o rehabilitaciones de edificios existentes, con una superficie útil superior a 1.000 m2, donde se renueve más del 25% del total de sus cerramientos.

En el año 2007 se aprobó en España el Procedimiento básico de Certificación Energética de edificios de nueva construcción, mediante Real Decreto 47/2007 de 19 de enero. Este procedimiento incluye la calificación de eficiencia energética que se debe asignar al edificio, expresada mediante una escala de siete letras y siete colores, que va desde la A (edificio más eficiente) a la G (edifico menos eficiente).

El Plan Estatal de Vivienda y Rehabilitación (PEVR) y el Plan de Acción para la Eficiencia Energética (PAEE+), junto a las ayudas específicas de una de las comunidades autónomas permitirán:

  • Que ahorremos en la factura energética.
  • Disminuyamos nuestra emisiones de CO2 a la atmósfera.
  • Mejoremos nuestra calidad de vida.
 

 

 

La “invisibilidad” de la energía

La mayor dificultad a la hora de combatir el derroche energético de nuestro parque de viviendas radica en que el problema no es visible. La energía que despilfarramos no se ve. Quizás por ello somos menos conscientes de la necesidad de acciones eficaces y sostenibles que ayuden a disminuir el elevado consumo de energía de nuestros edificios.

Si el problema es invisible, ¿cómo comprobar el derroche de energía de nuestras casas, edificios y ciudades? Hay una sencilla herramienta: una fotografía termográfica.

Una cámara termográfica permite analizar si un edificio está correctamente aislado. Capta la radiación infrarroja y convierte la energía radiada de un objeto en información de temperatura. Cuanto más caliente esté un objeto, más radiación generará. Esta técnica se puede usar para comprobar de forma exacta cuánto calor, y por tanto energía, pierde un edificio.

Existen ya importantes experiencias-piloto de escaneado termográfico de barrios, como la llevada a cabo en Dunkerque, en Francia donde 5.000 hogares participaron y fueron “fotografiados” aéreamente. El mapa resultante se divulgó para dar a conocer las pérdidas térmicas que experimentaban los edificios de la ciudad. Se crearon, asimismo, centros de información y asesoramiento. La experiencia tenía como objetivo principal la concienciación de los hogares y empresas de la ciudad francesa de la pérdida térmica y energética de sus edificios.

Tu Casa: aquí es donde empieza todo

En España, cada una de nuestras viviendas emite 14 kilos diarios de CO2 a la atmósfera, o lo que es lo mismo, 5 toneladas al año. Esta realidad se debe, principalmente, a la energía que consumimos, cuya factura asciende media a 700 euros anuales por hogar. Habrá quien piense que es mucho; otros que no tanto. Pero lo que está claro es que es una cifra que daña el medio ambiente. Es necesario pasar a la acción y ahorrar energía.

Ahorrar no significa sacrificarse. Reducir nuestra demanda de energía no implica tampoco pérdida de calidad de vida, sino eliminación del despilfarro. Ahorrar no implica en ningún caso perder bienestar. Si conseguimos que nuestras viviendas nuevas o aquellas que van a ser rehabilitadas sean más eficientes, estaremos ahorrando dinero en nuestra factura energética, casi sin percibirlo.

La clave: reducir el despilfarro

El conjunto de edificios existente en la Unión Europea consume más energía que el sector del transporte (33%) o el sector industrial (26%), según datos del IDAE. Nada menos que un 41%. Nuestras calefacciones y aparatos de aire acondicionado suponen dos tercios del consumo total de energía de un edificio. Pero eso no significa que el despilfarro se produzca al consumir electricidad. Estas cifras tan elevadas se deben fundamentalmente a la falta de un correcto aislamiento de nuestra vivienda, tanto de muros y cubiertas como de huecos acristalados.

Una Casa que Ahorra es, por tanto, una vivienda energéticamente eficiente, que demanda hasta un 90% menos de energía. Su alto rendimiento energético parte de una reducción de la propia demanda y la eliminación del derroche al que estamos acostumbrados.

Tres razones para apostar por una Casa que Ahorra

1. Dinero y confort para las familias.

La demanda energética de los edificios en Europa supera a la del sector del transporte o la industria por separado, según datos de la Comisión Europea. Ha llegado la hora de evaluar cuánta energía consume nuestro hogar de modo profundo. Muchos ciudadanos desestiman el efecto positivo que proporcionan las mejoras en el aislamiento de sus casas, a veces por falta de información técnica accesible o ayudas para afrontar una inversión. Sin embargo, mejorar la eficiencia energética de nuestro hogar no sólo beneficiará a nuestro entorno, sino que nos permitirá ahorrar en nuestra factura energética, mejorando sensiblemente la comodidad de nuestras viviendas. Según el Índice de la Eficiencia Energética 2010, si se mejoran los estándares de eficiencia de los edificios existentes, los consumidores podrían evitar la emisión de 5,2 millones de toneladas de CO2, el equivalente a la retirada de 216.985 coches de la circulación y cerca de 1.500 millones de euros en energía.

2. Independencia y cumplimiento de compromisos ambientales internacionales de nuestro país.

Nuestro país tiene una elevada dependencia energética del exterior. Según datos del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, España importa el 75% de la energía primaria que utiliza frente al 50% de media en la Unión Europea, cifra considerada ya elevada por las instituciones comunitarias. Además, esa dependencia va en aumento, con las implicaciones no sólo económicas y comerciales que ello supone, sino también con unos efectos medioambientales significativos, al tratarse mayormente de productos fósiles con un elevado nivel de emisiones de efecto invernadero. Reducir el despilfarro de energía que producen nuestros edificios no sólo hará disminuir esa dependencia energética del exterior, sino que nos ayudará a cumplir con eficacia los acuerdos medioambientales que nuestro país ha suscrito.

3. Cuidado para el Planeta de Todos.

Todos estamos implicados en la lucha por un planeta más habitable. En el futuro, deberán cambiar nuestros hábitos de consumo de energía, lo mismo que cambiará el tipo de energía utilizada.

No es tiempo de dudar. Nuestro planeta necesita respuestas y acciones reales. Los tímidos avances que se dieron en la Cumbre de Copenhague de 2009 no deben sino animar a buscar compromisos más exigentes a medio plazo.

Si apostamos de verdad por una casa más eficiente, comprobaremos de modo real y efectivo cómo nuestra vivienda colabora en la lucha contra el cambio climático y ayuda a definir el modelo energético sostenible para el futuro. Es el momento de que nuestra vivienda ahorre y que, a la vez, cuide nuestro Planeta.

Reducción de la demanda de energía.

Consumir lo necesario y racionalizar el uso que hacemos de la energía es la primera etapa y una de las más importantes si queremos comenzar a ahorrar. Empezaremos a hacerlo si mejoramos las fachadas y cubiertas de nuestra vivienda; si las dotamos del óptimo aislamiento y de acristalamientos con vidrios bajo emisivos de alta eficiencia energética . Si conseguimos garantizar la máxima estanqueidad de esos cerramientos y la mejor calidad del aire interior sin pérdidas innecesarias de energía gracias a sistemas adecuados de renovación de aire. Las soluciones técnicas para conseguir un uso eficaz de la energía en nuestra vivienda son numerosas y, sobre todo, están ya a nuestro alcance. Además, todas las mejoras que hagamos en nuestra vivienda tienen una vida útil similar a del edificio mismo y no requieren ningún mantenimiento. Y, por si fuera poco, todas estas medidas no solo no nos suponen sacrificio alguno ni pérdida de bienestar, sino que aumentan nuestro confort y, en definitiva, nuestra calidad de vida.